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Bitácora de Martha Cecilia Ruiz

Y vos ¿qué onda con el VIH y el sida?

Y vos ¿qué onda con el VIH y el sida?


La participación por primera vez de un centenar de adolescentes en el V Congreso Centroamericano de ITS, VIH y Sida realizado recientemente en Nicaragua, parece ser lo más significativo de este evento que reunió a más de 3 mil personas de la región y a personalidades mundiales en la respuesta ante la pandemia.

 

Por un lado la chavalada demostró disciplina y rigor científico en sus intervenciones como panelistas, expositores y reporteros del Congreso, y por otro se mantuvo la frescura, espontaneidad y curiosidad de la adolescencia como ingrediente nuevo y renovador a este evento científico y político al que por primera vez llegaron adolescentes como participantes activos.

 

Ojalá en el 2009 más adolescentes de Nicaragua y otros países puedan llegar al Congreso a realizarse en Costa Rica. Y que Nicaragua pueda decir que ha cumplido con la demanda de sus adolescentes en cuanto a la inclusión de una educación sexual científica en la currícula escolar y a demanda por la protección y atención integral a la niñez huérfana por la pandemia.

 

Por el momento esta delegación que se presentó como “Adolescentes por Nicaragua” nos lleva ventaja, viniendo de diversas organizaciones lograron presentarse como bloque de país, hablaron de prevención, de derechos sexuales y reproductivos, de condones, y contaron sobre sus experiencias en grupos organizados para romper con los estereotipos, los prejuicios y la violencia sexual.

 

Todavía falta mayor información, más respeto por la juventud y la adolescencia, recursos y sobre todo mayor compromiso de las autoridades y las familias para acompañar a la chavalada en el fortalecimiento de sus capacidades para el desarrollo de una vida más plena y por lo tanto sexualmente más responsable y con menores riesgos.

Prevenir la violencia sin ser indiferentes

Prevenir la violencia sin ser indiferentes

 La paz no es solamente la ausencia de la guerra y eso lo sabemos muy bien tanto en Nicaragua como en El Salvador. La diferencia es que hace seis meses, 15 años después de la firma de Paz, buena parte de las y los salvadores decidieron ponerse de acuerdo para dejar de ser uno de los países más violentos de la región. En ese contexto se puso en marcha la campaña “Marca la diferencia, sin ser indiferente” que incluyó movilización social -especialmente de adolescentes y jóvenes-, cambios en la política informativa de los medios de masas y compromisos de diversos sectores para prevenir la violencia. Fue así que, con el auspicio de el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y el acompañamiento de Shakira como Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF, representantes de radios, canales de TV y  periódicos salvadoreños en noviembre pasado firmaron un acuerdo inédito sobre la cobertura de la violencia y se comprometieron a no presentar imágenes de cadáveres, ni cuerpos ensangrentados, y a cuidar del lenguaje y el respeto a los derechos humanos. Una necesidad urgente en países como Nicaragua, plagada de noticieros sensacionalistas que naturalizan la violencia y en nada contribuyen a la prevención de la misma. Los transportistas salvadoreños también se comprometieron a tomar acciones ante la violencia en las calles y así pasaron de 19 accidentes mensuales por autobuses a nueve, y aunque la cifra sigue siendo preocupante, demuestra que la mejor forma de enfrentar la violencia es asumiendo responsabilidades individuales y colectivas. Incluso, el discurso oficial contra las maras o pandillas se ha modificado y aunque la campaña apenas lleva seis meses, ya se ven los cambios. El componente de los medios de comunicación es uno de los más importantes. No sólo para transmitir los mensajes de la campaña en la que aparecen niños, niñas y personas de la tercera edad víctimas reales de la violencia, sino también para comprometer a los dueños de medios a asumir su cuota de responsabilidad en el tema. No es demandar a los medios no informar sobre accidentes, heridos o hechos delictivos, sino que se les propone explorar otros ángulos, se pasa de aceptar la violencia como un espectáculo para generar ganancias, a entender la violencia como un problema social en el que todos tenemos parte. Cuando se firmó el acuerdo de autorregulación de los medios salvadoreños, uno de los empresarios de la TV se negó a dejar atrás a la nota roja, sin embargo, meses después tuvo que sumarse al cambio, pues la gente que supuestamente demandaba ese tipo de programas dejó de verlo.  La experiencia salvadoreña fue presentada la semana pasada a los estudiantes de Comunicación Social de la UCA por Karla Rodríguez, oficial de Comunicación de UNICEF de El Salvador y Debora Comini representante de UNICEF en Nicaragua, con el llamado a la reflexión y a la acción en Nicaragua, durante una cátedra abierta en la que también vieron parte de los mensajes utilizados en la campaña. Un spot grabado con Shakira y verdaderas víctimas de la violencia en las calles salvadoreñas, se presentó a los estudiantes que se sumaron al llamado para dejar de ser un país que acepta la violencia como un espectáculo cotidiano y convertirnos en una sociedad comprometida con la prevención de la misma, una ciudadanía que demanda cambios tanto en las familias, como en las políticas públicas, que se responsabiliza y actúa, que hace la diferencia sin ser indiferente.  

Un millón de nicas son legalmente inexistentes

Un millón de nicas son legalmente inexistentes

Martha C. Ruiz

Desde todas las comunidades y caseríos de Nicaragua, -por muy lejos que se encuentren- hombres de diversas condiciones sociales, credos y filiaciones políticas bajan a las distintas alcaldías para inscribir los fierros con que marcan a su ganado. Claro, quien tiene una bestia se asegura de protegerla y así invierte tiempo y dinero para garantizar sus derechos aunque sea sobre una sola vaca, un caballo o un burro. Demás está decir que la preocupación se justifica en la necesidad de resguardar a los animales de la delincuencia, marcándoles letras o iniciales que identifican su pertenencia. Sin embargo, cuando se trata de inscribir a niños y niñas, la historia es otra muy distinta. No es lo mismo garantizar los derechos de propiedad sobre una bestia, que garantizar el respeto a los derechos humanos de un niño o una niña, la sola comparación es grotesca, pero en la realidad hay más hombres preocupados por sus bienes que por la existencia legal de sus hijos e hijas. Incluso, dentro de muchas alcaldías son mejores las condiciones de trabajo del registrador de fierros que las del encargado del Registro Civil de las Personas y en algunas alcaldías ambas funciones las realiza el mismo funcionario. Se calcula que cerca de un 35% de los niños, niñas y adolescentes de Nicaragua son legalmente inexistentes, es decir nadie se ha tomado el trabajo de inscribirlos para asegurar sus derechos, para que tengan como corresponde un nombre, una nacionalidad y el disfrute de las garantías que eso significa. Son cerca de un millón de nicaragüenses legalmente excluidos porque no existen oficialmente, según el doctor Hugo Rodríguez consultor de UNICEF la cifra no es antojadiza, sino que está debidamente sustentada al confrontar los cálculos del Instituto Nicaragüense de de Estadísticas y Censos (INEC), del Ministerio de Salud (Minsa) y el indicador de nacimientos fuera del sistema de salud (partos domiciliares), además del número acumulado por año. Solamente en la RAAN durante poco más de dos años se han inscrito más de 96 mil niños, niñas y adolescentes, con un proyecto conjunto de UNICEF, Save The Children Canadá y Plan Internacional, -junto a alcaldías, organismos no gubernamentales e instituciones locales-, apoyados en la creación de una amplia red de registradores comunitarios, compuesta por jueces comunales (Wihtas), líderes en salud, maestros, maestras y líderes religiosos. Solamente en la RAAS según diagnostico reciente, se tienen identificados a mas de 106 mil niñas, niños y adolescentes sin registro de nacimiento. Las razones para no inscribir a los niños y las niñas, pueden ser muchas y evidencian la indiferencia, deficiencias y hasta los tropiezos del Estado de Nicaragua frente a los derechos de la niñez y la adolescencia y la falta de la responsabilidad de padres y madres o el machismo que impide a muchos padres asumir con sus responsabilidades, pero también revelan, en general, la ausencia de una cultura de derechos. Una de las principales debilidades del sistema de registro actual -con un modelo de más de cien años- es su limitada cobertura pues contempla sólo 153 Registradores Municipales y 28 Registradores Auxiliares para atender 5 mil comunidades, 3 mil de las cuales son rurales. Los registradores, además son estáticos y pasivos y por lo tanto no se movilizan hasta las comunidades, caseríos o municipios alejados, porque el enfoque histórico ha sido la inscripción entendida principalmente como una obligación de los padres y madres y no como un derecho del niño o la niña ante el cual el Estado es responsable de brindar todas las condiciones para su goce y disfrute. La multas que impone el sistema actual, después de un período determinado posterior al nacimiento, no toman en cuenta las grandes distancias y los costos económicos en que deben incurrir los padres y madres de las zonas rurales para inscribir a sus hijos e hijas, algo que resulta difícil pues la mayoría vive en la pobreza o la pobreza extrema. Además, para la inscripción se exige una constancia de nacido vivo, que es otorgada por las 1 mil 59 unidades de salud para igual número de comunidades, y que excluye a los niños y niñas nacidos en sus casas, sin asistencia institucional. Se suma a esto la irresponsabilidad paterna y en general el no reconocimiento pleno de los niños y las niñas como sujetos de derecho. Nicaragua está pendiente con muchos de los compromisos adquiridos al ratificar la Convención sobre los Derechos del Niño, y entre otras cosas como Nación hemos respondido parcialmente a las recomendaciones derivadas de la misma en cuanto a: “tomar todas las medidas posibles para lograr la inscripción inmediata de todos los nacimientos” y promover y facilitar, el registro de aquellos niños y niñas que no fueron inscritos al nacer”. Los niños y niñas que no existen legalmente, no cuentan dentro de sus municipios, no son parte de las cifras oficiales, son ilegales en su propia tierra y ha habido casos donde demostrar que una niña ha sido víctima de una violación tiene como principal tropiezo la falta de una partida de nacimiento que demuestre su existencia como persona. Pronto estaremos celebrando el día internacional y la Semana de la Niñez Nicaragüense, ojalá que más que una jornada de piñatas y fiestas con chimbombas y payasos, sea una oportunidad para la promoción y defensa de los derechos de los niños y las niñas nicaragüenses, empezando por su derecho constitucional a un nombre y a una nacionalidad.

Madre para comprar, para vender, para parir y olvidar

Madre para comprar, para vender, para parir y olvidar

Por Martha C. Ruiz
Otra vez el día de las madres. Nuevamente las rosas rojas anunciando la venta de electrodomésticos y los productos de belleza para que las madres cumplan de mejor manera con sus  roles –dentro y fuera de sus casas. Con mayo, más que lluvias, caen  torrenciales de propuestas comerciales para convertir a la madre “en reina por un día”, pues para servir, obedecer, callar y parir los hijos que “Dios mande” está el resto del año. Y por si alguien duda del mandato, ahí están las canciones que confirman los cánones que dicen que madre buena es aquella sufrida, resignada, con vida sexual solamente para la reproducción y que vive la maternidad como un apostolado.
La maternidad más que un derecho, se ha entendido como una obligación, “el punto culminante para ser una verdadera mujer”. Y así, en todos los espacios públicos y privados se da por entendido que toda mujer nace para ser madre, es más, para ser buena madre y no “una madre desnaturalizada” que, por supuesto no tiene su equivalente en “padre desnaturalizado”, porque “madre, es madre al fin”. Y si en el camino se da la vida por ello, y por lo tanto muere con el hijo o hija en sus entrañas y deja a otros cuantos en la orfandad, quedará más apropiado para el marco de santidad que tan de moda se pone por estos días. Pero claro está, no hay tiempo en los spot de TV ni en las cuñas de radio, para pensar en los que han perdido a su madre y en el dolor que les invade. El dolor es para  las madres.
Porque la maternidad tiene que ser algo doloroso en un país donde las muertes maternas siguen siendo cifras preocupantes, en un país donde los servicios médicos no están en todas las comunidades, donde hablar de anticonceptivos es pecado, donde el VIH sigue en aumento en las mujeres jóvenes, donde la violencia sexual e intrafamiliar es el pan nuestro de cada día y en donde los legisladores (¡ah! Y las legisladoras, porque también las hay) prohíben a las mujeres decidir si quieren morir o sobrevivir a causa de un embarazo que no es compatible con sus vidas.
La maternidad difícilmente será una celebración a la vida y al gozo de llevar el amor en tu vientre, cuando viene impuesta a los trece años producto de una violación de tu padrastro o de tu propio padre.  Pero ahí estarán las flores de plástico en los semáforos capitalinos en las manos de niñas que pronto serán madres, o hijas de madres que apenas tuvieron infancia, para recordarte que las madres son la excusa comercial de turno. Pero no importa, “ser madre lo es todo”, por lo menos para el mercado y para la propaganda machista, porque en la vida real ser madre de verdad, es querer serlo y no deber serlo, es tener la fortaleza emocional, la valentía y la solidaridad, para acompañar una nueva vida, es recibir con alegría a un ser que crece dentro de tus entrañas o que nació del vientre de otra, pero que crecerá a tu lado, feliz, con dignidad y con derechos, para quien no querés el sello del sacrificio y la resignación.
Ser madre es poder serlo sin olvidarte de vos, de tus sueños y tus placeres. Ser mama es conversar con el otro, la otra, que alguna vez vivió en vos, pero que se ha convertido en persona distinta, única e independiente, con quien jugás, reís, discutís o simplemente compartís espacios en completo silencio, sin miedo, sin temor a ensuciarte, sin preocuparte por el tiempo, ni el qué dirán, ni por el precio del regalo.
Ser madre es tener fe en que tus hijas, tus hijos, no se creerán el cuento del 30 de mayo, porque a fin de cuentas, con vos han aprendido que el amor nada tiene que ver con los comerciales.

Ser mujer

Ser mujer

  Lo único perenne son las culpas. Las maquillo y las peino para hacerlas manejables. Porque ellas están allí aun antes de mí y de mi madre. En el armario, en la mochila, en la carcajada. Por todos lados los cuerpos traslúcidos, del amor, del “no, gracias”; de los gritos a mis hijas, de las veces en que he jugado a mala, de las pailas pegadas, de las llegadas tardes, de los días en que me he suicidado para seguir viviendo.

Las soporto, las cargo, las exhibo, porque así lo esperan, y así me buscan: “mujer socialmente aceptable”.

Poema de Marthace

En los postreros días o en los días de tu viagra

En los postreros días o en los días de tu viagra

 Poema de M.C. Ruiz 

Cuando tu cuerpo no responda y ya no podás más que rehacer el inventario de tus aventuras, por favor no me incluyás en la lista de tus amantes, ni siquiera en el encabezado.  No digás marthacecilia en la ristra de nombres que endulzarán las bocas de vejetes nostálgicos.

No quiero ser medicina para el parkinson, ni dosis barbitúrica, ni comentario de película. No quiero que nadie diga tembloroso "también, también…esa fue mía".  Pero disculpame amor, que no es por descortesía que no quiero aparecer como tu amante, tu novia, o tu vecina. Es sólo manía.Porque sólo si por casualidad, alguno de ellos con acierto te pregunta, entonces sí, contestá sin mentiras:


 "marthacecilia, ¡ah! 

                    la marthita, 

                               la marthita …"

Femicidio

 

He muerto.

En los cuerpos de tantas otras que murieron antes que yo
y aún hoy conmigo.

En el silencio que pare el miedo,
torturada por los violadores,
mutilada, he muerto una y otra vez
a cada instante en cada golpe,
en cada hemorragia
de esta maldita “democracia,
postmodernidad y paz”
porque a diario nos matan,
por hambre, por dieta,
por falsas, por rebeldes,
por sumisas, nos matan,
por ser nosotras mismas
las mujeres.

Autora: Marthacecilia Ruiz

Cuento: Tres minutos y 12 segundos

Cuento: Tres minutos y 12 segundos

Por Marta Cecilia Ruiz

Adoro a Nat King Cole cuando canta Unforgettable, como antes cuando el mundo no tenía fin y los días duraban un año. Entonces, en toda la casa se oía su voz saliendo de la consola café de patas torneadas, y una escuchaba aquél hombre y daban ganas de enamorarse. Recuerdo la vez que me llevaron el disco: fue para mi cumpleaños, me tomé una foto sosteniéndolo vestida con un traje celeste de organza y zapatos forrados con la misma tela, en los tiempos en que uno de verdad escogía sus zapatos. Yo los daba a hacer donde Chico Pineda. En esos días la casa estaba llena de pretendientes. Recuerdo a uno que siempre me ofrecía cajetas y a otro que me entregaba cajitas de madera que él mismo hacía y pintaba. El disco me lo obsequió Leo, por eso cada miércoles y viernes oíamos juntos Unforgattable. Cuando Leo se reía me dejaba sin respiración, lo mismo cuando me decía “inolvidable” mientras la canción terminaba y él muy solícito con los ojos brillantes devolvía la aguja al borde del disco.

Leo era blanco y alto, tenía los hombros anchos, a veces su cara fina recordaba a San Antonio. Y para mí el parecido no era gratuito, aquello era el indicio celestial de que sería mío para toda la vida. Según mi abuela con él “mejoraríamos la raza”.

Y fui feliz hasta que conocí el placer. En aquella época yo no sabía que Nat King Cole era negro, tan negro y adorable como mi hijo, el mismo que abandonó el angelical Leo.

Ahora escucho a Nat King Cole cantando desde una computadora que nada tiene que ver con la consola de mi juventud, él canta claro y bello, una y otra vez sin que nadie mueva aguja alguna y de nuevo dan ganas de enamorarse. Y ya no hay pretendientes, pero la orquesta sigue allí, todos siguen tocando para mí por 3 minutos y 12 segundos cada vez, porque la canción sigue siendo la misma y él —más inolvidable y bello que nunca— canta como sólo los negros saben hacerlo.

 

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Pulse aquí para escuchar la canción

La guerra, más que un recuerdo o un minuto en TV

Publicado en END el 24 de julio de 2006

 Martha Cecilia Ruiz

Siendo una niña conocí lo peor de la humanidad: la guerra. En la insurrección contra la dictadura somocista, cadáveres, sarampión, hambre y sed salieron cada día a mi encuentro. Veintisiete años son nada para entender el miedo que siente una niña que corre chinelas en mano junto a su madre, su hermanito de meses y una vecina adolescente, huyendo de los bombardeos, sin saber si su padre vive o ha muerto como tantos otros a los que se encontró en el camino. Corrimos por las calles de Masaya a Managua, en busca de alimentos y protección, preguntando por familiares, en calles desconocidas y desoladas con un pañal blanco como improvisada bandera de la paz. 

Esos recuerdos no pueden ser sólo anécdotas familiares cuando todos los días en todos los medios se ve y se oye de niños y niñas que en otras guerras  huyen con el mismo miedo, o quizá con un terror mayor en un mundo que ha avanzado en tecnología, argumentos y vanidades, pero no en humanismo. Esos recuerdos se han vuelto recurrentes tanto por la celebración de 19 de julio como por las noticias de guerra en el Medio Oriente. Por imágenes de niñas y niños que tienen la edad que yo tenía entonces, o la edad que hoy tienen mis hijas. Niños y niñas que nada tienen que ver con luchas por el poder, por territorio o con represalias de ningún tipo, pero que son víctimas por muerte, lesiones, enfermedades y daños psicológicos de una guerra de adultos, que como todas se ensaña con los más débiles, los más pobres y los más pequeños. 

Rememoro que pasada la guerra mi hermanito aprendió a caminar y cada vez que escuchaba un avión corría a esconderse debajo de la mesa. Eso no es sólo una remembranza personal cuando ahora miles de niños y niñas dan sus primeros pasos en medio del horror de una guerra que ocupa menos espacio informativo e interés público que el mundial de fútbol. 

Me convenzo de que no pueden ser sólo mis recuerdos, sino que debe ser la preocupación del mundo, esta mañana cuando al encender la computadora y abrir la página web de UNICEF me parte el alma la foto de una niña de tres años que llora en un refugio del barrio cristiano de Achrafieh en Beirut. Como tantos niños y niñas con la infancia interrumpida llegó a esa escuela-refugio después de haber pasado tres días huyendo de los bombardeos, sin saber porqué o por quién. 

Fui afortuna en aquella guerra encontré refugio, alimentos y a mi padre. Pero no a todos les fue igual, muchos de mis vecinos vieron los cadáveres mutilados o quemados de sus hermanos mayores u otros familiares. Algunos resultaron heridos o gravemente enfermos. Pero no pueden ser sólo memorias, no podemos dejar que la guerra sea sólo “un tema” en tiempos electorales, sino un motivo verdadero, doloroso y presente para luchar por los derechos de los niños y las niñas de todo el mundo. Especialmente de aquellos que hoy huyen, porque es nuestra obligación hacer algo para darles la oportunidad de vivir y contar su historia.

Las hijas de casa y los no nacidos

Las hijas de casa y los no nacidos

  “No sé leer ni escribir, me pagan doscientos córdobas y al final del mes no me queda nada después de pagarle los trapos viejos que me vende la señora. Para remate, el patrón me ha estado acosando, esas miradas perversas me hacen temblar, siento que uno de estos días va a entrar a mi cuarto a medianoche y me imagino que se me tira encima, me clava sus manos y hasta allí van a llegar todos mis sueños”. (Testimonio recopilado por la periodista Marta Marina González en el Primer Foro Departamental de Trabajo Infantil Doméstico. Estelí, octubre 2005)

A propósito del día del no nacido, convendría reflexionar sobre el tratamiento de la sociedad nicaragüense a niñas y niños ya nacidos. Preguntar qué pasa con el 40% de la población de este país que es menor de 15 años y que en su mayoría está expuesta a la pobreza, a todas las formas de maltrato físico y sicológico, y a la explotación laboral y sexual.

Por ejemplo, “Las hijas de casa”, eufemismo con el que se nombra a niñas víctimas de explotación laboral doméstica, muchas veces se ven obligadas a sobrellevar un embarazo impuesto a partir de una violación de su patrón, del hijo de éste o hasta de su propio padre.

Aun aquellas que no son abusadas sexualmente se ven sometidas a la violencia física y sicológica, a la separación de sus familias, y a largas jornadas laborales que afectan su desarrollo físico y emocional. “Las hijas de casa” constituyen una tradición de numerosas familias que con el pretexto de brindar techo y comida toman a niñas de escasos recursos económicos y las explotan como empleadas domésticas.

El problema a nivel social es tal que los patrones están convencidos de que les ayudan --aunque les paguen menos que a una trabajadora adulta-- porque “las apoyan en los estudios”, y es así que el estudio, un derecho, se convierte en obra de beneficencia y el derecho al juego y la recreación de la niña en irresponsabilidad laboral.

Que una niña trabaje para ayudar a su familia no es mal visto en un país donde uno de cada cuatro menores de 14 años vive sólo con su madre, porque el padre lo abandonó o tiene otra familia. Ése es precisamente el padre que tampoco se menciona cuando de no nacidos o de aborto se habla.

El trabajo infantil es una realidad que afecta a 250 millones de niños y niñas de 5 a 17 años en el mundo. Se calcula que dos millones y medio están en Centroamérica. En Nicaragua, la Encuesta de Hogares a Nivel Urbano y Rural de 2000, registraba a más de 300 mil niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años trabajando. Se contabilizan que más de 25 mil niñas y adolescentes mujeres están dedicadas al trabajo infantil doméstico y más de 300 mil laboran en diferentes actividades catalogadas como peores formas de trabajo infantil.

El Estado de Nicaragua se ha mostrado incapaz de asumir su responsabilidad de proteger a la niñez de los riesgos derivados de una situación económica precaria, y los esfuerzos desde la sociedad civil resultan insuficientes en una sociedad machista, adultista y de doble moral.

Antes de culpar a las mujeres y niñas que no desean o no pueden llevar a buen término un embarazo, convendría revisar cuáles son las oportunidades para las ya nacidas en este país. No tendría ningún sentido marchar por los no nacidos si antes en cada casa, en cada calle y en cada comunidad no se garantizaran los derechos humanos de cada niña y cada adolescente, especialmente el derecho a una vida libre de violencia intrafamiliar y sexual.

Originalmente publicado en El Nuevo Diario

La Justicia y la diferencia entre pene y vagina

  Martha Cecilia Ruiz*

Ante la impunidad y la indefensión en que se encuentran las víctimas de violencia sexual en Nicaragua, uno de los peligros es que las familias de las niñas violadas se tomen la justicia por sus manos.  Aunque parezca exagerado puede ser la única opción que el sistema de justicia está dejando a las víctimas que conociendo e identificando perfectamente al violador, -porque es un pariente o un vecino- lo ven salir libre, ya sea porque la Fiscalía no encontró méritos para acusarlo o porque un jurado de “conciencia” lo encontró inocente o simplemente porque nunca fue capturado. ¿Qué opciones ofrece un sistema judicial que aún con pruebas, deja en la impunidad a los violadores? ¿Qué siente una madre al ver al violador de su hija pasar todos los días frente a la puerta de su casa burlándose de la niña víctima y hasta del producto de la violación? ¿Qué modelo de monstruosa sociedad tenemos que favorece al victimario y humilla, agradece y desvalora a la víctima? 

Cada año, un promedio de 50 mujeres y niñas son asesinadas en nuestro país por razones de género, es decir por hombres en su afán de controlar sus vidas y sus cuerpos. La Red de Mujeres contra la Violencia y organismos que trabajan por los derechos humanos de las mujeres como el CENIDH han alertado sobre la violencia contra las mujeres como un problema nacional, sobre lo peligroso del abordaje sensacionalista y sobre la necesidad de políticas integrales para prevenir, erradicar y sancionar la violencia de género. Sin embargo, poco o nada se avanza.   Por ejemplo, para muchas y muchos ciudadanos, las 823 niñas y mujeres víctimas de delitos sexuales que reportó la Policía Nacional en el primer trimestre de este año, sólo están pagando su “mal gobierno”,  son “chavalas locas” o niñas que no fueron “bien cuidadas por sus madres”.

El mundo al revés

Pero ¿qué pasaría si en lugar de 50 mujeres y niñas violadas y asesinadas aparecieran cada año 50 hombres sin pene? “Qué mal gusto -dirán algunos- qué horror escribir eso y ¡cómo pueden publicar semejante cosa!”. En esta línea muchos querrán pasar a otro artículo tratando de borrar de su mente la imagen de 50 hombres con el pene cercenado.  

Resulta  difícil imaginar que cada año deambularían por todo el país decenas -ya no digamos miles como en los casos de mujeres y niñas- de hombres ultrajados, despojados de parte importante de su sexualidad, sin tener a dónde acudir, tocando puertas infructuosamente, buscando justicia o sufriendo en silencio.  Eso no ocurriría, seguramente porque los diputados –que en su mayoría son hombres- publicarían leyes de emergencia y asignarían recursos extraordinarios para perseguir a los autores o autoras de tan horrendos crímenes.  

Comisionados Policiales, Generales de Ejército, Ministros y políticos de toda especie se reunirían de emergencia, se pediría auxilio internacional y se procuraría TODO por hacer justicia. Líderes religiosos clamarían contra el horror, el crimen y el terrorismo sexual y demandarían justicia en lugar de perdón y olvido cristiano, como tantas veces se hace con niñas violadas y embarazadas. En este supuesto, SI BRILLARIA LA JUSTICIA, tan ausente en la vida real para miles de mujeres y niñas víctimas de violencia sexual.

*Publicado en END, agosto de 2005

Nuestras deudas, nuestra niñez y las migraciones

  

Publicado en END

Martha C. Ruiz*Nicaragua es un país plagado de incoherencias: aunque las niñas y los niños constituyen la mayor parte de la población no son la prioridad en términos de inversión social para el Estado.  Nuestra niñez es víctima de explotación laboral, abuso sexual, agresiones físicas y sicológicas y abandono. Cada vez son más las niñas obligadas a ser madres producto de violaciones. Hasta mayo se reportaban 494 partos en niñas de 10 a 14 años. Mientras 11 mil 116 bebés tuvieron como progenitoras a adolescentes de 15 a 19 años. La vulnerabilidad y la desprotección son los elementos comunes para niñas y niños en un país donde los poderosos aseguran que  “la niñez es el futuro”, y por lo tanto se dan el lujo de obviarla en el presente. Los migrantes, son por su parte, quienes más invierten en este país. Está demostrado que las remesas familiares sostienen la economía nacional. Sin embargo, los migrantes tampoco son prioridad, porque todavía se cree que la “clase empresarial” tradicional es la que más aporta a nuestro país. En ese sentido, esperar un abordaje responsable de la niñez y las migraciones en nuestro país, resulta doblemente imposible.  La Red Nicaragüense de la Sociedad Civil para las Migraciones, de la cual el CENIDH es parte, organiza una serie de eventos en la semana del migrante, (del 4 al 11 de septiembre) para sensibilizar sobre la necesidad de una migración documentada y por lo tanto menos vulnerable.  La documentación incluye partidas de nacimientos, cédulas de identidad, permisos, salvoconductos y otros documentos migratorios, que facilitan al migrante la defensa de sus derechos humanos. No obstante, “esos papeles” envuelven millones de dramas familiares, de grandes costos económicos, pero sobre todo de incalculables costos emocionales.  Es necesario empezar por preguntarnos qué pasa con las hijas y los hijos de los migrantes, cuáles son los sentimientos de culpa a los que se enfrentan las madres a miles de kilómetros de distancia de sus hijos e hijas, qué tan sensibles son nuestros funcionarios al respecto, por qué hasta la fecha no hay una política de acompañamiento a los niños y niñas que dejan aquí.  

No hay duda, estamos en deuda con los migrantes, sus hijos e hijas. Después de todo, a costa de su trabajo y sufrimientos este país sobrevive.

*Periodista y escritora nicaragüense

Femicidio: Cuando te matan por ser mujer

Femicidio: Cuando te matan por ser mujer

 "Unos cuantos piquetitos" de la mexicana Frida Khalo.

Por Martha Cecilia Ruiz

El pasado 23 de diciembre Santiago Fuentes, con cuchillo en mano llegó a la casa de su ex esposa Telma del Rosario Herrera; discutió con ella y le dio una cuchillada en el pecho la mujer herida salió huyendo, mientras su agresor intentaba herirla nuevamente. Telma cayó muerta en la calle. Durante el juicio, el reo no declaró sobre el móvil del crimen -según él por estar muy afectado por lo ocurrido-sin embargo los testigos fueron claros, Santiago Fuentes mató a Telma del Rosario luego que ésta decidiera separarse del mismo, cansada de la «vida» de violencia y el maltrato que éste le brindaba.

El primero de enero de este año, Escarleth Aracelly Rocha Solís de 17 años murió después de que su «compañero de vida» Nelson Urbina González —policía de 34 años— le disparara en la cabeza. En enero siete nicas -entre ellas una niña en Costa Rica fueron asesinadas.

Según datos recabados por la Red de Mujeres contra la Violencia en un monitoreo en medios de comunicación, el año pasado ocurrieron al menos 50 femicidios en Nicaragua. Aunque la palabra femicidio es un término nuevo, está referida a una situación muy antigua: hombres que asesinan a mujeres en su afán de controlar sus acciones o su cuerpo. Las historias en los medios revelan que los hombres asesinan después de atacar sexualmente a sus víctimas o al momento de la ruptura de una relación o en el proceso en que las mujeres intentan separarse.

En Centroamérica solamente en Costa Rica se han realizado investigaciones sobre el femicidio, encontrándose de que los este tipo de homicidios no son hechos aislados producto de locura repentina de los criminales, sino que en su mayoría son el desenlace anunciado de largas historias de maltrato y agresión.

También se ha determinado que el femicidio está alimentado por la impunidad de la violencia intrafamiliar y sexual, las víctimas casi siempre han sufrido una especie de tortura cotidiana de parte de aquellos que terminan matándolas. «MIA O DE NADIE» Los agresores se creen dueños y señores de las mujeres, a tal punto que se sienten con el derecho de arrebatarles la vida, concepción machista claramente reflejada en la frase «mía o de nadie».

Por otra parte, las fallas en los sistemas judiciales coloca en desventaja y desprotección a las mujeres que sufren violencia intrafamiliar y sexual, dejándolas a su suerte frente al agresor. Hace poco la madre de una muchacha violada fue atacada y amenazada de muerte por el agresor de su hija después de poner la denuncia. Hasta la fecha de la denuncia la fiscalía no había levantado cargos contra el agresor. Es común pues que muchas de las mujeres asesinadas, hayan denunciado a los hombres que terminan matándolas.

Resulta literalmente un asunto de vida o muerte el investigar sobre los femicidios en Nicaragua, no sólo para demostrar nuevamente que la violencia está matando a las mujeres, sino también para revisarnos sobre lo que nivel personal y de sociedad estamos haciendo.

Publicado en el Suplementeo ELLAS de  El Nuevo Diario 16 de Febrero de 2003

El fresco del marido celoso

El fresco del marido celoso

Martha Cecilia Ruiz

A inicios del siglo XVI el pintor italiano Tiziano Vecellio pintó el fresco del “marido celoso”. En la obra, en primer plano aparece caída en el suelo una mujer y sobre ella el hombre blandiendo un cuchillo en su mano derecha.

En el fondo se aprecia la segunda escena en la que --según la leyenda-- el marido machista, violento parricida, se arrepiente de su horrible acto y el santo resucita a la víctima.

Siglos después de la vida de San Antonio y del pintor Tiziano, “hombres celosos” siguen matando a las mujeres, y la escena se repite una y otra vez: mujeres muertas a mano de maridos, ex maridos, amantes, novios y desconocidos.

El informe anual de derechos humanos del CENIDH revela que es más probable perecer asesinada en la casa a manos de un hombre conocido, que en la calle como consecuencia de otro delito. Sin embargo, hoy en día ni sobran los santos, ni los arrepentimientos resucitan a las víctimas.

Probablemente la violencia contra las mujeres siga siendo la misma y la impunidad para los hombres también. Seguramente lo que está cambiando es que más mujeres y medios de comunicación están hablando del asunto y la violencia contra las mujeres y niñas se empieza a ver como un acto punible, que merece castigo.

Pero al igual que hace siglos, algo falta en la escena: la justicia. Porque el sistema judicial da la espalda a las mujeres, y se hace de la vista gorda con los agresores.

El Estado sigue en deuda con la población femenina que sigue con menos recursos, poder, seguridad y autonomía que los hombres.

Sino me creen, jueguen a “las diferencias” con el fresco del marido celoso y las páginas de sucesos de cualquier diario nicaragüense.

Nicaragua y la niñez huérfana por el VIH

Nicaragua y la niñez huérfana por el VIH

Por Martha Cecilia Ruiz

El que Nicaragua reporte las cifras más bajas de personas afectadas por el VIH/SIDA en la región, proporciona un falso sentido de seguridad nacional sobre el control de la epidemia, que en lugar de frenarla podría facilitar el incremento de la misma.  

Organizaciones nacionales e internacionales han alertado sobre el problema del sub registro, las conductas sexuales de alto riesgo y la falta de una adecuada educación sexual en la población nicaragüense, lo que en el futuro podría transformarse en grandes sectores afectados por la epidemia y un elevado número de huérfanos a causa de la misma. 

Al igual que el mito “del país más seguro de Centroamérica”, no nos protege de un asalto, una estafa o cualquier otro delito, la idea de tener el menor número de afectados por el VIH tampoco nos protege automáticamente de la enfermedad. Durante la vigilia cultural de solidaridad con los familiares de fallecidos por el VIH y con las personas que viven con esta enfermedad -realizada hace poco en un parque capitalino- se mencionó no sólo la necesidad de trabajar en la prevención, sino también sobre la urgencia de luchar contra la estigmatización y discriminación de los afectados y de sus familias, especialmente de sus hijos e hijas.  

Datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) revelan que hasta el 2003, 14 millones de niños y niñas menores de 15 años habían perdido a un progenitor o a los dos por causa del VIH/SIDA, el número sigue aumentando. Y seguirá creciendo durante al menos la próxima década, aun cuando no se produjeran nuevas infecciones.  Para el año 2010, se calcula que el número de huérfanos por causa de la enfermedad puede llegar a 25 millones.

A medida que la epidemia se extiende la cantidad de niños, niñas y adolescentes huérfanos  también se incrementa. Está en nuestras manos trabajar juntos, teniendo en cuenta a las personas que conviven con la enfermedad y a sus familias como ejes importantes para la prevención, para la creación de redes de solidaridad y para la toma de decisiones de manera conjunta y responsable, tanto en el Estado, en las organizaciones de la sociedad civil, como en nuestra  vida cotidiana. 

Es urgente informar especialmente a los más jóvenes sobre el uso de  condones, hablar sin miedo de salud reproductiva, desde una perspectiva educadora, no recriminatoria, ni moralista. Promover campañas para la difusión y el respeto de los derechos sexuales de las mujeres de todas las edades, son entre otras las medidas urgentes a tomar en cuenta. No se trata de un simple asunto de salud, de sexualidad, de lástima o miedo, es un problema que afecta la vida de millones de personas de todas las edades en el goce de sus derechos humanos. Una situación ante la cual todas y todos tenemos responsabilidades.