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Bitácora de Martha Cecilia Ruiz

Las tumbas de la escuela


Con mi cariño y abrazo solidario a Marlen, la hermana que jamás olvidará.

Martha C. Ruiz

El 25 de noviembre de 1956, poco antes de cumplir los tres años de edad, Francisco Chow el quinto de seis hermanos y hermanas -hijos de un inmigrante chino- murió tras ser arrollado por uno de los cientos de camiones de las compañías madereras instaladas en la zona. Más de medio siglo después, su hermana la periodista Marlen Chow lo recuerda con ternura y al dolor provocado por su pérdida, se suma el provocado por la explotación de los recursos naturales de la Costa Caribe de Nicaragua.

 

“Era un niño muy tierno, todo el mundo lo quería porque era muy dulce y muy cercano con la gente, el camión era uno de tantos que no paraban de extraer la madera, el pueblo en ese entonces era una enclave de las compañías norteamericanas y de los potentados asociados con Somoza”, dice Marlen desde su casa en Managua. Tras la muerte de Francisco no hubo investigación, porque los “gerentes de las empresas eran la autoridad, eran la ley”, recuerda.

 

Ahora la tumba de Francisco -y la de dos inmigrantes asiáticos- comparte el patio con las niñas y los niños del preescolar del centro educativo Awas Tagni (Flor de Pino)  el único de Alamikamba.

 

“La escuela está hoy donde antes fue el cementerio, abandonado durante la guerra, las tumbas se perdieron, muchas eran del tiempo cuando comenzaron las minas y las madereras, cuando no conocíamos los carros, ni los aviones,  ahora ahí está la escuela, lo importante es que ahí (los niños y las niñas) están seguros”, asegura en miskito Clemencia Sánchez Mordi, mientras al fondo se escucha una motosierra, pues la tala y los camiones madereros parecen no parar nunca como el día en que uno de ellos mató al pequeño Francisco Chow.

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