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Bitácora de Martha Cecilia Ruiz

La guerra, más que un recuerdo o un minuto en TV

Publicado en END el 24 de julio de 2006

 Martha Cecilia Ruiz

Siendo una niña conocí lo peor de la humanidad: la guerra. En la insurrección contra la dictadura somocista, cadáveres, sarampión, hambre y sed salieron cada día a mi encuentro. Veintisiete años son nada para entender el miedo que siente una niña que corre chinelas en mano junto a su madre, su hermanito de meses y una vecina adolescente, huyendo de los bombardeos, sin saber si su padre vive o ha muerto como tantos otros a los que se encontró en el camino. Corrimos por las calles de Masaya a Managua, en busca de alimentos y protección, preguntando por familiares, en calles desconocidas y desoladas con un pañal blanco como improvisada bandera de la paz. 

Esos recuerdos no pueden ser sólo anécdotas familiares cuando todos los días en todos los medios se ve y se oye de niños y niñas que en otras guerras  huyen con el mismo miedo, o quizá con un terror mayor en un mundo que ha avanzado en tecnología, argumentos y vanidades, pero no en humanismo. Esos recuerdos se han vuelto recurrentes tanto por la celebración de 19 de julio como por las noticias de guerra en el Medio Oriente. Por imágenes de niñas y niños que tienen la edad que yo tenía entonces, o la edad que hoy tienen mis hijas. Niños y niñas que nada tienen que ver con luchas por el poder, por territorio o con represalias de ningún tipo, pero que son víctimas por muerte, lesiones, enfermedades y daños psicológicos de una guerra de adultos, que como todas se ensaña con los más débiles, los más pobres y los más pequeños. 

Rememoro que pasada la guerra mi hermanito aprendió a caminar y cada vez que escuchaba un avión corría a esconderse debajo de la mesa. Eso no es sólo una remembranza personal cuando ahora miles de niños y niñas dan sus primeros pasos en medio del horror de una guerra que ocupa menos espacio informativo e interés público que el mundial de fútbol. 

Me convenzo de que no pueden ser sólo mis recuerdos, sino que debe ser la preocupación del mundo, esta mañana cuando al encender la computadora y abrir la página web de UNICEF me parte el alma la foto de una niña de tres años que llora en un refugio del barrio cristiano de Achrafieh en Beirut. Como tantos niños y niñas con la infancia interrumpida llegó a esa escuela-refugio después de haber pasado tres días huyendo de los bombardeos, sin saber porqué o por quién. 

Fui afortuna en aquella guerra encontré refugio, alimentos y a mi padre. Pero no a todos les fue igual, muchos de mis vecinos vieron los cadáveres mutilados o quemados de sus hermanos mayores u otros familiares. Algunos resultaron heridos o gravemente enfermos. Pero no pueden ser sólo memorias, no podemos dejar que la guerra sea sólo “un tema” en tiempos electorales, sino un motivo verdadero, doloroso y presente para luchar por los derechos de los niños y las niñas de todo el mundo. Especialmente de aquellos que hoy huyen, porque es nuestra obligación hacer algo para darles la oportunidad de vivir y contar su historia.

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1 comentario

Ramonchu -

Artículo corto pero intenso, yo también soy padre y me dan dolor ajeno todas esas imágenes de los niños en las guerras.
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